domingo, 18 de julio de 2010

La huella

Puedes vivir con el continuo miedo de no haber vivido lo suficiente. Descubrir el límite de lo correcto, saber lo que sientes, lo que piensas, lo que admiras, lo que te gusta... lo que detestas, lo que odias, lo que te asusta, lo que te atormenta... lo que te hace sentir bien o simplemente vivo; esa es nuestra meta en la vida.
El día de mañana, nadie se acordará de mi, de lo buen hijo que intentaba ser, de las buenas notas que sacaba... no recordarán mi cara ni mi apellido; sólo quedarán mis vestigios. Me gustaría pisar fuerte en el suelo para dejar mi huella así como los dinosaurios lo hicieron en su día... pero no tengo las suficientes fuerzas. A veces, en la playa, me gusta andar de espaldas para ver el camino que he recorrido, para ver mis huellas y analizarme, pero justo en el instante en el que me siento como un verdadero dinosaurio, el mar me recuerda que sigo sin tener la fuerza suficiente para dejar mi huella... y todo lo que he conseguido con esfuerzo, se borra.
Por eso me gusta escribir mi nombre en las piedras... y en los puntos emblemáticos que visito. Puede que mi nombre también se borre, pero es lo más parecido a un recuerdo físico de los lugares que han significado algo para mí. Por supuesto, no me refiero a un recuerdo para uno mismo o para la familia, pues para eso están las fotos... es un recuerdo para la propia ciudad, para que cada vez que alguien lea mi nombre por casualidad en la Torre Eiffel o en El Puente de los Suspiros, sea la propia vida de la ciudad la que diga: sí, aquí estuvo esta persona una vez. Luego, obviamente, mi nombre se borrará también de la memoria de la persona lectora... pero a lo mejor puede que a partir de ese momento sueñe con un desconocido sin rostro conocido del que se enamore perdidamente, y que casualmente se llame como yo. Nadie me ha asegurado que la vida física sea más real que los sueños, y a lo mejor nuestros sueños son un presagio, un recuerdo de otra vida o un deseo oculto... nadie sabe interpretar los sueños en su totalidad... nadie, excepto la persona a la que pertenece el sueño. Puedes vivir con el miedo de no haber vivido lo suficiente... pero siempre podrás soñar sin el miedo a soñar demasiado.